Tener un detector es legal. Usarlo depende de dónde lo enciendas y para qué, y eso no lo decide una ley única.
Si has llegado aquí porque se te ha perdido algo tuyo hace dos días, la parte que te toca está al final y es corta.
Quien te diga que en España el detector «es legal» o «está prohibido» no ha mirado la norma. El patrimonio histórico es competencia de las comunidades autónomas, así que hay diecisiete respuestas y, encima de ellas, las ordenanzas de cada ayuntamiento.
No podemos decirte lo que vale hoy en tu municipio, y no lo vamos a inventar. Lo que sí podemos es enseñarte el armazón, que es igual en todas partes, y de dónde sale.
La Ley 16/1985 del Patrimonio Histórico Español es la base. Su artículo 42 dice que toda excavación o prospección arqueológica tiene que estar expresamente autorizada por la Administración competente, y el apartado 3 deja claro que las que se hacen sin esa autorización son ilícitas y se sancionan.
“Toda excavación o prospección arqueológica deberá ser expresamente autorizada por la Administración competente.”
Fíjate en lo que esa ley no dice: no nombra los detectores de metales en ninguna parte. Lo que regula es la finalidad arqueológica. Los detectores aparecen en las normas autonómicas, que es donde está la letra pequeña de verdad.
Cada comunidad ha desarrollado lo suyo y no coinciden. Unas exigen autorización para usar el detector con carácter general, también en la playa; otras no tienen norma propia sobre el aparato y se quedan en el marco estatal. Andalucía y la Comunidad Valenciana están entre las que piden permiso.
Esto cambia con los años y no tenemos forma de mantenerlo al día municipio por municipio, así que lo decimos como es: antes de salir, consulta la consejería de cultura de tu comunidad y la ordenanza de playas de ese ayuntamiento. Son dos llamadas.
Se avisa, y no es opcional. El artículo 44 de la misma ley dice que los objetos con valor histórico descubiertos por azar son bienes de dominio público, que el hallazgo hay que comunicarlo a la Administración y que quien lo encuentra tiene derecho a la mitad del valor que se le tase. Quedárselo callado es lo que convierte una tarde con el detector en un problema.
Entonces no estamos en patrimonio histórico, estamos en objetos perdidos. El Código Civil lo resuelve en el artículo 615: quien encuentra una cosa mueble que no es suya tiene que devolverla a su anterior poseedor, y si no sabe quién es, entregarla en el ayuntamiento del sitio donde la encontró. El ayuntamiento lo anuncia, y si a los dos años nadie la reclama, pasa a ser de quien la encontró.
Si el dueño aparece antes, el artículo 616 le reconoce un premio: la décima parte del valor. El texto sigue diciendo la cifra en pesetas, que da idea de lo viejo que es el artículo, pero la regla está vigente.
Recuperar una cosa tuya que se cayó hace dos días en una playa urbana no es prospección arqueológica por ningún lado. Pero de tener el aparato encendido responde quien lo lleva, no tú, así que esa persona tiene que saber dónde está pisando.
Cuando publiques una solicitud, di la playa con su nombre. Un detectorista de la zona sabe en dos segundos si ese tramo tiene duna protegida detrás, y tú probablemente no. Quién puede ir y cómo se le pide está en ¿Quién puede buscar mi anillo perdido?.
Retrievly no busca ni da permisos. Te pone en contacto con gente que tiene detector y ganas de ir.
De las normas responde quien sale a buscar. Nosotros no las comprobamos y no podemos hacerlo.
Quien busca ve un círculo de unos cinco kilómetros, nunca el punto exacto. Ese lo recibe solo la persona que tú elijas.
Por Retrievly no pasa dinero, ni comisión ni tarifa. El agradecimiento lo arregláis vosotros.
Dos cosas deciden casi todo: lo rápido que publicas la solicitud y lo pequeño que puedes hacer el círculo. El mismo día y con un punto donde alguien pueda plantarse no se parece en nada a media playa quince días después. Y no comprobamos a nadie que se ofrezca: mira el perfil y quedad de día y en un sitio con gente.
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Kenny hizo Retrievly. Lleva años buceando con tubo en el Danubio y siempre saca cosas que son de otra gente: carteras con el carné dentro, móviles, llaves. De ahí salió Retrievly.
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