Quédate donde estás. Un anillo que se cae en la arena no viaja: está a un paso, casi siempre debajo de tus pies.
Lo difícil aquí no es el anillo. Son seis kilómetros de arena que parecen iguales y un viento que no para. Por eso en esta playa mandan dos cosas: una referencia fija y la rapidez.
En la arena casi no hay nada desde donde medir: ni edificios, ni rocas, y cien hamacas iguales. Lo que sí hay es la fila de kioscos numerados, y quien conoce la playa se orienta por ellos.
Fotografía el cartel en vez de fiarte de la memoria. Hasta los que vienen cada invierno discrepan sobre qué número está dónde, y algunos carteles han cambiado con los años. «Entre el kiosco de esta foto y el agua, unos treinta pasos hacia el faro» es una zona de búsqueda. «Cerca del kiosco 7, creo» es un kilómetro de arena.
El alisio sopla del nordeste casi todo el año y empuja la arena de Playa del Inglés hacia las dunas. De eso viven las dunas, y por eso la parte alta, seca y blanda, nunca amanece igual que el día anterior. El anillo sigue ahí, pero el hoyo donde tenías la toalla desaparece de un día para otro, y con él la forma fácil de volver al sitio.
Cerca del agua la arena es más firme y el anillo se queda cerca de la superficie, pero la orilla se mueve varios metros con la marea. Apunta la hora. Es lo primero que te va a preguntar quien busque.
Las dunas son Reserva Natural Especial, y su Plan Director lo deja claro: la zona de uso restringido es el propio campo de dunas, que limita al sur y al este con las playas de Maspalomas y del Inglés. Dentro solo se puede caminar por los senderos señalizados, la charca junto al faro está cerrada del todo y un sector al norte de las dunas está clasificado como zona arqueológica.
Así que si se te cayó paseando por las dunas, un detector no es la solución, y nadie en Retrievly debería ofrecerse a llevar uno. Vuelve por el mismo sendero mirando bien y pregunta en la Policía Local si alguien lo ha entregado.
La parte baja y mojada de la playa queda fuera de la reserva. La parte alta y seca no está tan clara. El mismo plan sitúa el límite de la reserva a unos 75 metros tierra adentro de la bajamar, y esa línea se mueve con la arena, así que los kioscos, las hamacas y la arena al pie de las dunas pueden quedar dentro. Quien busque ahí averigua primero por dónde pasa la línea, y solo entonces enciende el detector.
Fuera de la reserva es costa. La Ley de Costas no prohíbe los detectores, y la ley canaria de patrimonio regula la arqueología. Buscar tu propio anillo en una playa turística no es arqueología, aunque, siendo sinceros, ninguna ley canaria lo dice con esas palabras. Así se trata en el resto de España.
San Bartolomé de Tirajana, el municipio al que pertenece toda la playa, puede tener sus propias normas de playa, y su ordenanza no la hemos podido leer. Eso lo comprueba quien vaya a buscar antes de salir. No es cosa tuya.
La parte ancha bajo el Paseo Costa Canaria y el Anexo II, donde están casi todas las hamacas y donde se pierden casi todos los anillos: en seco, entre la toalla y el paseo, o en el primer baño. Di si bajaste por el Anexo II o más adelante, y a qué lado del kiosco estabas.
El tramo que mira al sur, del faro a lo largo de las dunas. La gente lo recorre de punta a punta, así que aquí el anillo muchas veces se pierde caminando. Si ibas andando, di en qué dirección, hasta dónde llegaste y si fuiste por la arena mojada o por arriba.
Al este de Playa del Inglés: playas más pequeñas, con paseo detrás y mucha menos gente. Para quien busca, mejor. Menos terreno, menos basura en la arena y referencias cerca. Di qué playa y qué extremo.
Al oeste del faro, bajo el paseo. Parte de la playa es tanto piedra como arena. A mano es imposible, y a un detector le da igual. Si cayó entre las piedras, no empieces a levantarlas.
Quien encuentra un anillo tiene que devolverlo o entregarlo en el ayuntamiento (artículo 615 del Código Civil). Aquí eso es la Policía Local de San Bartolomé de Tirajana, en la Avenida Touroperador Mundicolor, frente a los juzgados, en Campo Internacional; teléfono 928 723 429. Pregunta también en la recepción del hotel, y vuelve a preguntar una semana después.
Casi todo el mundo se da cuenta en el aeropuerto o al deshacer la maleta. No hace falta que estés aquí. Con la playa, la foto del kiosco y el día ya se puede empezar.
Retrievly no busca. Conectamos a quien ha perdido algo con gente de la zona que tiene un detector y sale a mirar.
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Kenny hizo Retrievly. Lleva años buceando con tubo en el Danubio y siempre saca cosas que son de otra gente: carteras con el carné dentro, móviles, llaves. De ahí salió Retrievly.
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